(2005)
Pequeños mundos sutiles, imperceptibles en ocasiones, apenas importantes frente a grandes y atractivos espacios.
Conviven con nosotros sin apenas sentirlos, muchas veces los pisamos o pasamos a su lado sin notarlos, por que las charcas no se miran y las playas están para otra cosa.
Las aguas, que en un principio fueron una, se dividieron en superiores e inferiores; unas son el caos, un mundo en constante cambio, mientras que otras son unificadoras.
El principio femenino y la fuerza del caos.
El agua como fuente de vida, elemento que brota y fluye desde todos los lugares
hacia el mar, como una madre que va arropandolo todo y generando vida.
Como principio fecundador la lluvia es indispensable en el ciclo de la vida,
generando el movimiento. un discurrir continuo, un fluir constante generador de
desgracias o de dichas.
Los arcadios asociaban las aguas primordiales con la sabiduría; la vida surgió de las aguas dulces, principio masculino y fértil o Apsu, y del agua salada, principio
femenino o Tiamat que es engendrado por aquel.
Las aguas cumplen la misión de disolver, abolir, purificar; sumergirse en las aguas es buscar el secreto de la vida, un renacer después de haber sucumbido. Los seres humanos actualmente viven de espalda a los signos que las aguas proporcionan. Solamente hacen uso de ellas, y muchos no perciben su belleza a no ser que estas se encuentren en grandes extensiones, y a pesar de eso no las respetan, quizá porque tampoco se respetan así mismos.

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